MI PALACIO DE MENTE
La depresión está subestimada. Es una fuente inagotable de ideas voluptuosas. Por lo menos hasta que llega el momento del suicidio. Mientras tanto, contribuye a generar alternativas a la muerte asistida. Asistida por uno mismo. Es reconfortante encontrar en el fondo del abismo existencial, algún germen de proverbio 5.0
Las crisis se acumulan como corderos frente a Hannibal. Más tarde, la realidad, atropella a los corderos, y la depresión se escapa por los techos. Todo ocurre a los machetazos entre la maleza perturbada de la mente.
Tengo el catálogo preparado para ordenar los principales pensamientos. Placer, muerte, vida, felicidad, dinero, más placer, más dinero, El Mal, El Bien, las indecisiones sobre los grises. Luego, tropiezo conmigo mismo, y ese catálogo se desordena invariablemente cada vez. Todos en fila, se abofetean por obtener el primer lugar.
El Tiempo se mastica todo. Esas promesas adolescentes, esos recuerdos imborrables, los juramentos patrióticos, los amores para siempre, los amaneceres alcohólicos y las siestas infantiles. Al final, todo es borroso y patético. El Tiempo se llevó hasta el último recuerdo límpido. Finalmente todo teñido de gris oscuro, cruzando verdades con alucinaciones exculpatorias. Nadie fue tan valiente ni tan sexie. Todo es un cuento relativo, lleno de adjetivos barrocos. El Tiempo deglute hasta el último hueso de verdad pura. Y tu inconsciente se alimenta de nubes cargadas de lluvia ácida. Ese ácido desintegra lo que fue tu vida. Qué queda? Tus últimas bravuconadas. Todo lo anterior, pleno de actos benévolos y pensamientos despojados, se evaporan para nunca más volver. Nadie acude a rescatarte del olvido. Sos culpable de vivir tu vida. Y condenado al ostracismo del Purgatorio. Acompañado de veteranos del Fracaso. Bajo una llovizna punzante, te contarán sus proezas de paracaidismos estrellados contra la tierra húmeda de los cementerios.
Lejos estoy de mi propia mejor versión. Me apago lentamente, mientras tanto, escucho los quejidos de las cosas que no hice, repercuten entre los ataúdes circundantes. Quién es ese animal que me acecha? Dentro de su piel, laten las injusticias que aplaudí. No me asusta la muerte. Sólo me niego a enfrentar El Juicio. Su cercanía me sumerge en el pozo absurdo de La Depresión. Ella es más poderosa que todas las energías que sembré. Me subyuga. Me coquetea. Me hace su esclavo. Soy adicto a sus encantos. Y le entrego Mi Palacio de Mente.
Meanwhile...
ResponderBorrarFrente al "ocaso"(?), la razón no se reduce; se expande y a veces se subleva. En ese único instante se deja de ser únicamente un corte abrupto sino una transformación en el espejo. Allí, la experiencia descubre su propia vastedad: ser efímeros atrevidos que nos indignamos por no poder interpretar la eternidad.
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