DOQUMENTRASH
Y quería ser el Norman Mailer argentino. No se dio. Me convertí en el Norman Bates gauchesco.
No leía Dickens. Tampoco a García Márquez. Pero pienso leer a Dickens, pero ya no a García Márquez. Por qué? Porque al ser sudamericano, toda la fauna que rodea a los libros boqueó sobre personajes y situaciones de Cien Años de Soledad. Perdí el interés.
La lectura llega. Domina. Nada se puede hacer. Acontece un enamoramiento enfermizo. Gasta tus ojos. Pero la realidad es triste y decepcionante. Leer un libro de 200 páginas, y quedarse con sólo una frase, mezcla de poesía desbordante de lirismo y sentencia bíblica. El autor brillante, escribe un tratado de como vivir, con un único pensamiento con sabor a original. Completa capítulos con rosas plenas de espinas, caricias de abuela, chusmeríos de barrio, anécdotas reales de tíos alcohólicos y palabras que danzaron entre insomnios y brebajes extraños. Filosofar es placentero. Hasta que las preguntas se acumulan como tren descarrilado. A nadie sin problemas psiquiátricos le gusta participar de un accidente. Es todo dolor y desesperación. Los excesos de preguntas sobre el sentido de la vida, la locura humana y la soledad final, colisionan contra ese escaso bienestar que viene de nacimiento y se diluye ante los primeros fracasos.
Escribir es una excusa para ahuyentar fantasmas. De hecho, no ocurre. Todos se sientan a la mesa de la cena, como si hubieran sido invitados. El teclado amaga matar, pero apenas maquilla la escena. La cursiva parecía más efectiva. Patrañas. El efecto del cansancio por sostener la pluma, generaba un sueño prematuro. Lógico, los fantasmas revoloteaban en rededor del autor, y este los confundía con una agitada pesadilla.
Postergar el Fin es tortura gratuita. Escribir abusando del Tiempo, es un malestar denso. Hay que finalizar el escrito. Temor? Si, claro. A que al terminar el relato, implique también, el final de la propia vida. Se escribe como se vive? No necesariamente. Si creo, que se muere como se escribe. Un protagonista de uno de mis atormentados sueños, me dijo que yo tendría que haber vivido en París en los 20´. Y escribir en medio de la fiesta, para finalmente ser fusilado en la Segunda Guerra Mundial, mientras intentaba relatar los hechos desde la más corta distancia. Estoy de acuerdo. Yo solía caminar por un desfiladero muy muy estrecho. Y especular con una corta y agitada vida. Ya de anciano, descubrí mi pasión por las crónicas de guerra. Como nadie hasta ahora, ha podido demostrar que no se vuelve a nacer, alimento en silencio, una pequeña esperanza de volver a esta vida como corresponsal de guerra. Por supuesto, toda apuesta al infinito, tiene un giro más de la tuerca especulativa. Vuelto a nacer, sigo los pasos exactos para elegir y ejercer ese oficio. Pero al llegar al lugar del conflicto bélico, mi helicóptero es alcanzado por un misíl y adiós a todos. Ergo, necesitaría una nueva reencarnación, con reinicio del proceso formativo. De hecho, esperar con ansiedad balcánica, que comenzara una guerra a la cual concurrir. Es decir, volvería para ser un sádico. No es la idea. Bueno, tal vez...
Ergo, la pluma.mas.veloz del.oeste
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